Page 644 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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y una forma oscura —pensé que era una ra‐
ya— se deslizó por las aguas a unas pocas
yardas de la costa.
En aquellos primeros momentos del nuevo
día, parecía que el mundo del Paleoceno
permanecía vigoroso e ileso como antes de
la llegada de Gibson y su expedición. Pero
el pilar de fuego púrpura todavía salía de la
herida en el corazón del bosque, elevándose
miles de pies e incluso más. Trozos en
llamas —trozos de roca fundida— volaban
al lado del pilar en arcos parabólicos. Y
sobre todo aquello todavía permanecía una
nube en forma de paraguas de polvo y
vapor, con los bordes rotos por efecto del
viento.
Desayunamos agua y frutos. Nebogipfel,
abatido, débil y con la voz convertida en un
quejido, nos aconsejó a Stubbins y a mí que
no volviésemos al campamento destruido.
Por lo que sabíamos, nos dijo, los tres
podíamos ser los únicos en el Paleoceno, y
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