Page 760 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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nuestras vidas humanas. Era como si todo
mi ser, toda mi identidad, se hubiese
reducido a aquella mirada fija.
Deberías sentir miedo, pensé; debería haber
luchado por respirar, como si me ahogase.
Pero no tenía esas necesidades: me sentía
adormilado, como en un sueño, como si me
hubiesen transformado en un espíritu.
Fue la falta de terror, creo, lo que me
convenció de que estaba muerto.
Ahora una forma se movía encima de mí,
interponiéndose entre el cielo y la línea de
mi mirada. Era más o menos piramidal, sin
contornos claros; era como una montaña,
todo en sombras, flotando encima de mí.
Por supuesto, reconocí aquella aparición:
era la cosa que se había plantado frente a mí
cuando yacíamos en el hielo. Ahora la
máquina —porque eso pensé que era— se
acercó a mí. Se desplazaba con un extraño
movimiento fluido; si piensan en la arena de
un reloj de arena al caer en un movimiento
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