Page 786 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 786
muy extraña, y al no tener tacos y con una
sola bola era poco probable que se tratase de
un desafío deportivo.
Confundido, dejé la mesa y probé las
puertas y las ventanas. Las puertas
funcionaban con pomos, para agarrarlos y
girarlos, pero llevaban a otras habitaciones
de la misma suite o a mi cámara original; no
había salida al mundo exterior. Descubrí,
sin embargo, que los paneles que cubrían las
ventanas transparentes podían levantarse, y
por primera vez pude inspeccionar aquel
nuevo 1891, aquella Tierra Blanca.
¡Me encontraba a unos mil pies del suelo!
Parecía que estábamos en lo más alto de una
inmensa torre cilíndrica, cuyo perfil veía
descender por debajo de mí. Todo lo que vi
reafirmó mi primera impresión, justo antes
de que el frío me derrotase, cuando di mi
último vistazo desde el coche del tiempo: se
trataba de un mundo eternamente hundido
en el hielo. El cielo era de color bronce de
786

