Page 957 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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siendo  una  simple  sombra  contra  el  brillo


                  universal  —al  principio  ni  siquiera  estaba


                  seguro             de         que          hubiese              algo          ahí,


                  exceptuando  las  proyecciones  de  mi


                  imaginación                        desesperada—,                            pero


                  finalmente ganó una cierta solidez.


                  Era  una  bola,  aparentemente  de  carne,



                  colgando en el espacio, al igual que yo, sin


                  soporte.  Estimé  que  estaba  a  ocho  o  diez


                  pies de mí (donde y como estuviese yo) y


                  quizá  tenía  cuatro  pies  de  ancho.  Le


                  colgaban tentáculos. Oí un sonido suave y


                  burbujeante.  Tenía  un  pico  de  carne,  no


                  tenía  agujeros  de  la  nariz,  y  dos  enormes



                  párpados  se  recogían  como  cortinas  para


                  revelar  ojos  —¡ojos  humanos!—  que  se  fi‐


                  jaron en mí.


                  Por  supuesto,  lo  reconocí;  era  una  de  las


                  criaturas                 que            había              denominado


                  Observadores, aquellas enigmáticas visiones


                  que  me  visitaban  durante  mis  viajes  en  el


                  tiempo.


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