Page 959 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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de leche, pensé. Me sorprendió cuán humano
era. Eso puede que les parezca extraño, pero
allí —tan cerca de la bestia, y suspendido en
medio de aquella inmensidad sin
estructura— sus puntos en común con la
forma humana eran más impresionantes
que sus increíbles diferencias. Me convencí
de que era humano: quizá tremendamente
distorsionado por el paso del tiempo
evolutivo, pero de alguna forma cercano a
mí.
Pronto el Observador me soltó, y sentí que
flotaba alejándome.
Parpadeó; oí el lento susurro de sus
párpados. Recorrió con la vista el cielo
uniforme, como si buscase algo. Con el más
suave de los murmullos, se alejó de mí. Se
volvió al hacerlo y los tentáculos colgaron
tras él.
Durante un momento sentí una punzada de
pánico —porque no tenía deseos de quedar
varado otra vez con mi única compañía en
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