Page 962 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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giratorio, y al final fue una diminuta man‐


                  cha  de  luz  incierta,  perdida  en  medio  de


                  millones de manchas parecidas.


                  Y durante todo aquel sorprendente vuelo —


                  deben imaginarlo— tenía ante mí la imagen


                  de los hombros redondos y oscuros del Ob‐


                  servador, mientras se balanceaba delante de



                  mí  por  entre  aquella  marea  de  luz,


                  imperturbable  ante  el  paisaje  estelar  que


                  atravesábamos.


                  Pensé  en  las  veces  que  había  observado  a


                  aquella  criatura  y  sus  compañeros.  Tenía


                  aquel  distante  eco  de  murmullos  durante


                  mis primeras expediciones en el tiempo, y



                  entonces  mi  primera  imagen  clara  de  un


                  Observador  cuando,  bajo  la  luz  del  Sol


                  moribundo  del  futuro,  había  visto  cómo


                  saltaba irregularmente algo parecido a una


                  pelota de fútbol que brillaba por el agua. En


                  ese momento lo consideré un ciudadano de


                  aquel mundo condenado. Más tarde, había


                  tenido  aquellas  visiones  —entrevistas  a


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