Page 702 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Constructores... ¡debemos rendirnos al toque
de esos cilios de plattnerita! ¿Por qué no me
advertiste?
—¿Te hubiese ayudado? Es la única forma.
Tu miedo es natural; pero debes dominarlo,
sólo un momento más, y entonces... entonces
serás libre...
Podía sentir el peso helado de los hilos de
plattnerita sobre muslos y hombros. Intenté
mantenerme quieto y entonces sentí uno de
esos cables vivientes moviéndose por mi
frente; podía sentir claramente el roce de los
cilios contra mi carne, y no pude evitar gritar
y luchar contra aquel peso suave, pero ya me
era imposible levantarme del asiento.
Ahora estaba inmerso en el verde y mi visión
del mundo exterior —de la Luna, los campos
de hielo de la Tierra e incluso de la estruc‐
tura de la Nave— estaba oscurecida. Los
nodos cuasianimados y variables de luz
pasaban por encima de mi cuerpo
deslumbrándome. El tazón de frutas se salió
de entre los dedos y chocó contra el suelo del
coche; pero incluso el ruido de la caída
pronto se apagó, al apagarse mis sentidos.
Hubo un temblor final en el domo, una lluvia
de fragmentos a mi alrededor. Había un
punto frío en mi frente, el aliento distante del
invierno, y luego sólo sentí el frío de los
dedos de Nebogipfel; ¡era todo lo que podía
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