Page 707 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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globo inmenso y verde que se levantaba
desde el suelo.
Miré abajo, o al menos lo intenté; no podía
sentir la cabeza o el cuello, pero mi campo de
visión se inclinó hacia abajo. Pueden imagi‐
nar que la Nave que me rodeaba tenía la
forma de un barco de vapor pero
enormemente ampliado —su quilla debía de
tener millas de largo— y sin embargo flotaba
por el paisaje con la facilidad de una nube.
Podía ver el paisaje del exterior a través de
las zonas abiertas en la estructura de la Nave,
y ahora veía el coche del tiempo justo debajo
de nosotros. Aunque mi visión estaba
interrumpida por las chispas cambiantes de
la Nave, creí ver dos cuerpos en el coche, un
hombre y una figura más pequeña, que caían
al suelo, ya inmóviles por el frío.
Mi visión era extraña, no tenía foco: o mejor,
carecía de un punto central de observación.
Cuando miras algo, digamos una taza de té;
lo ves, y ése es básicamente el centro de tu
mundo, con todo lo demás relegado a la
periferia de la visión. Pero ahora mi mundo
no tenía centro, o periferia. Lo veía todo,
hielo, Naves, coche del tiempo. ¡Era como si
todo fuese centro, o todo periferia,
simultáneamente! Era desorientador y muy
confuso.
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