Page 708 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 708
Parecía que tenía la cabeza y el estómago
paralizados, sin sentir nada. Podía ver, de
acuerdo; pero no podía sentir nada de la
cara, del cuello, de la posición del cuerpo,
nada exceptuando un toque ligero casi
fantasmal: los dedos de Nebogipfel todavía
alrededor de los míos. Eso me confortó en
cierta forma, ¡era bueno saber que al menos
él estaba allí conmigo!
Pensé que estaba muerto, pero recordé que
había pensado lo mismo antes, cuando fui
absorbido y reconstruido por el Constructor
Universal. No sabía lo que sería de mí ahora.
La Nave comenzó a elevarse de nuevo, ahora
mucho más rápidamente. El coche del
tiempo y la torre sobre la que se apoyaba
desaparecieron. Me elevé una milla, dos
millas, diez millas por encima de la
superficie; el mapa completo de aquel
Londres disperso apareció debajo de mí,
visible a través de las chispas de la Nave del
Tiempo.
Seguíamos elevándonos—debíamos de viajar
más rápido que una bala de cañón—, pero no
oía las ráfagas del aire, no sentía el viento en
la cara: me sentía seguro, con esa sensación
infantil de ligereza que ya he mencionado. El
círculo del escenario de debajo se hizo más
ancho, y los detalles de edificios y campos de
hielo se difuminaron, palidecieron y se
708

