Page 735 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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conciencia; no había nada de mí que pudiese


                  ser cogido de esa forma...


                  Y  sin  embargo  me  sentí  acunado  por  él,

                  extrañamente seguro.


                  El Observador aparecía inmenso ante mí. Su


                  piel era suave y estaba cubierta de un vello


                  fino;  los  ojos  eran  inmensos  —de  color  azul

                  cielo—, con toda la hermosa complejidad de


                  los  ojos  humanos,  e  incluso  ahora  podía


                  olerlo;  emitía  un  ligero  aroma  animal,  como

                  de leche, pensé. Me sorprendió cuán humano


                  era. Eso puede que les parezca extraño, pero


                  allí —tan cerca de la bestia, y suspendido en


                  medio              de          aquella               inmensidad                    sin

                  estructura—  sus  puntos  en  común  con  la


                  forma humana eran más impresionantes que


                  sus  increíbles  diferencias.  Me  convencí  de

                  que  era  humano:  quizá  tremendamente


                  distorsionado  por  el  paso  del  tiempo


                  evolutivo,  pero  de  alguna  forma  cercano  a


                  mí.

                  Pronto  el  Observador  me  soltó,  y  sentí  que


                  flotaba alejándome.


                  Parpadeó;  oí  el  lento  susurro  de  sus

                  párpados.  Recorrió  con  la  vista  el  cielo


                  uniforme, como si buscase algo. Con el más


                  suave  de  los  murmullos,  se  alejó  de  mí.  Se


                  volvió  al  hacerlo  y  los  tentáculos  colgaron

                  tras él.







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