Page 737 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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El universo corría a mi lado más y más
rápido, motas apresuradas contra el brillo
general.
Las estrellas se hicieron más intensas, y
pasaron de ser puntos a ser globos que se
precipitaban contra mí, para desvanecerse en
un momento a mi espalda.
Nos elevamos y flotamos sobre el plano de
una galaxia; era una gigantesca espiral de
estrellas cuyos distintos colores brillaban,
pálidos y deslucidos, contra el fondo de
blancura general. Pero pronto incluso ese
inmenso sistema se perdió debajo de mí,
ahora convertido en un disco luminoso y
giratorio, y al final fue una diminuta mancha
de luz incierta, perdida en medio de millones
de manchas parecidas.
Y durante todo aquel sorprendente vuelo —
deben imaginarlo— tenía ante mí la imagen
de los hombros redondos y oscuros del Ob‐
servador, mientras se balanceaba delante de
mí por entre aquella marea de luz,
imperturbable ante el paisaje estelar que
atravesábamos.
Pensé en las veces que había observado a
aquella criatura y sus compañeros. Tenía
aquel distante eco de murmullos durante mis
primeras expediciones en el tiempo, y
entonces mi primera imagen clara de un
Observador cuando, bajo la luz del Sol
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