Page 745 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Allí, sin embargo, la Mente lo tenía todo: un


                  infinito.


                  Ahora al fin entendí —lo vi por mí mismo—

                  el sentido y el propósito de la vida eterna e


                  infinita.


                  El  universo  era  infinitamente  antiguo  e


                  infinitamente  grande;  y  la  Mente,  también,

                  era  infinitamente  antigua.  La  Mente  había


                  conquistado  el  centro  de  la  materia  y  las


                  fuerzas,  y  había  almacenado  una  cantidad

                  infinita de información.


                  La  Mente  era  omnisciente,  omnipotente  y


                  omnipresente.  Los  Constructores,  gracias  a


                  su valiente desafío a los comienzos del tiem‐

                  po,  habían  conseguido  su  ideal.  Habían


                  trascendido lo finito y colonizado el infinito.




                  Los átomos y las fuerzas se retiraron al fondo


                  de  mi  atención  inmediata  y  mis  ojos  se


                  llenaron una vez más con la luz interminable


                  y  las  estructuras  estelares  de  aquel  cosmos.

                  El Observador que me acompañaba se había


                  ido  y  yo  flotaba  solo,  como  una  especie  de


                  punto  de  vista  incorpóreo  que  giraba

                  lentamente.


                  La luz de las estrellas me rodeaba, profunda


                  y sin fin. Sentí la pequeñez de las cosas, de


                  mí,  de  lo  irrelevante  de  mis  pequeñas

                  preocupaciones.  Comprendí  que  en  un


                  universo infinito y eterno no hay centro; no



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