Page 746 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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hay ni principio ni final. Cada suceso, cada
punto, acaba siendo idéntico a cualquier otro
debido al interminable escenario en el que
está... En un universo infinito yo era
infinitesimal.
Nunca he sido un entusiasta de la poesía,
pero recordé unos versos de Shelley: de
cómo la vida, al igual que una bóveda multicolor
/ mancha la luz blanca de la Eternidad... y seguía
en ese tono. Bien, ya había acabado la vida
para mí; la cubierta del cuerpo, la vanas
ilusiones de la materia misma, todo me lo
habían quitado y estaba inmerso, quizá para
siempre, en la luz blanca de la que hablaba
Shelley.
Durante un rato sentí una paz peculiar.
Cuando presencié por primera vez el
impacto de la Máquina del Tiempo en la
historia había llegado a creer que mi invento
era un dispositivo de la más absoluta
maldad, por su destrucción y distorsión
arbitraria de las historias: porque eliminaba
millones de almas humanas por nacer,
simplemente con el más leve movimiento de
las palancas. Pero ahora, al fin, comprendí
que la Máquina del Tiempo no había
destruido historias: no, las había creado.
Todas las historias posibles existen en la
multiplicidad, unas al lado de otras en un
catálogo eterno de lo‐que‐puede‐ser. Cada
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