Page 749 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 749
detalle, la más pequeña mancha en la bóveda
de luz que me rodeaba; pero durante un rato
no hubo nada sino silencio infinito y un
brillo intolerable.
Me había convertido en una mota
incorpórea, presumiblemente inmortal, y me
habían colocado en el mayor de los objetos
artificiales: un universo cuyas fuerzas y
partículas estaban dedicadas por completo a
la Mente. Era magnífico, pero también
terrible, inhumano y estremecedor, y cierto
desaliento deprimente se apoderó de mí.
¿Había dejado de ser para pasar a algo que
no era ni ser ni no ser? Bien, si así era —y
esto es lo que había descubierto— todavía no
tenía la paz eterna. Todavía tenía el alma de
un hombre, con toda su carga de curiosidad
y sed de acción que siempre han sido parte
de la naturaleza humana. Soy demasiado
occidental, ¡y pronto me harté de aquel
intervalo de contemplación incorpórea!
Entonces, después de un intervalo sin
medida, descubrí que el brillo del cielo no era
absoluto. Había una especie de neblina en el
límite de mi campo visual, un
oscurecimiento sutil.
Creo que esperé durante épocas geológicas, y
durante esa larga espera la neblina se hizo
más evidente: era una especie de círculo alre‐
dedor de mi campo visual, como si mirase a
749

