Page 747 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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historia posible, con su carga de mente, amor
y esperanza, existe en algún lugar de la
multiplicidad.
Pero lo que me emocionaba no era la
realidad de la Multiplicidad sino lo que
significaba para el destino de la humanidad.
El hombre —siempre me lo había parecido
desde que leí a Darwin por primera vez—
había estado atrapado en un conflicto: entre
las aspiraciones de su alma, que eran de una
arrogancia sin límite, y la base física de su
naturaleza, que, al final, era lo que le
sostenía. Creía haber visto, en los Eloi, cómo
la mano muerta de la evolución —el legado
de la bestia que llevamos dentro— destruía
finalmente los sueños del hombre, y
convertía su posesión de la Tierra en poco
más que un breve y glorioso brillo del
intelecto.
Ese conflicto, implícito en la forma humana,
se había instalado, creo, como un conflicto en
mi propia mente. Sí, Nebogipfel había tenido
razón al decir que siento desprecio por el
cuerpo; bien, ¡quizá mi comprensión de ese
conflicto de millones de años era su causa!
Había virado, en mis opiniones y
argumentos, entre una desesperación triste,
un desprecio de la cárcel bestial de nuestra
mente, hasta un utopismo amable y algo
tonto, el sueño de que algún día nuestras
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