Page 150 - Hijos del dios binario - David B Gil
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desapareciera de la faz de la tierra.
Dejó a un lado el dosier y el cierre magnético se
activó automáticamente. Daniel miró por la
ventana de la aeronave, que se aproximaba al
aeropuerto volando a la altura indicada para los
vuelos domésticos. En la distancia se divisaba la
irregular superficie gris de Oslo, cuya bahía abría
los brazos al fiordo del mar del Norte; bajo ellos,
sin embargo, el terreno aún presentaba la irregular
orografía de los espesos bosques nórdicos y de las
lenguas de agua salada que serpenteaban tierra
adentro.
Cansado, separó la cabeza del cristal y le dijo a
Denga:
—¿Sabe? Su informe es una mierda.
El ayudante de Inamura frunció los labios ante
aquel desaire, aunque su espeso bigote atenuó su
expresión contrariada.
—Le hemos facilitado un informe secreto del
gobierno israelí, perfectamente traducido del
hebreo por nuestros técnicos en lingüística. Es un
trabajo de inteligencia impecable.
—Es una mierda. Aquí apenas hay por dónde
empezar —afirmó Daniel levantando el dosier
frente a su cara, antes de volver a tirarlo sobre el
asiento de al lado—, y ustedes insisten en seguir
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