Page 155 - Hijos del dios binario - David B Gil
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como llaman los operativos especiales a las
misiones suicidas. Como jugar a la ruleta rusa con
cinco balas en el tambor.
—Exacto, aunque en el caso de David Samir es
una mala metáfora. Nadie sale con vida de cuatro
misiones como esas por simple suerte; sobrevivió
por su determinación y su genio táctico. Todo está
en ese informe, léalo y quizás comprenda por qué
muchos consideran a este hombre como el mejor
soldado de la era moderna.
—El soldado perfecto —masculló Adelbert con
tono descreído—. Un mito, el viejo desvarío que
sufrieron todos los estados militarizados del siglo
XX, desde la Alemania nazi hasta los dos bloques
de la Guerra Fría.
—Con la salvedad de que Samir no era ningún
mito. Era real y por algún motivo desapareció sin
dejar rastro.
—¿Y qué tiene que ver esta película de espías
con la guerra particular que se traen entre manos
Rosesthein e Inamura? ¿Cómo encaja esto en su
juego enfermizo?
Solomon Denga sonrió.
—Me temo que eso es precisamente lo que
Inamura‐san quiere que usted averigüe.
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