Page 257 - Hijos del dios binario - David B Gil
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extendido  a  todas  las  personas  que  le  habían


           rodeado  a  lo  largo  de  su  vida,  como  si  una


           membrana le impidiera establecer contacto real con


           otros  seres  humanos.  Pero  había  asumido  aquella



           carencia  y  había  aprendido  a  vivir  con  ella;  no  se


           lamentaba, al igual que un ciego no lamenta vivir


           en la oscuridad. Es difícil echar de menos la luz del


           sol cuando solo has escuchado hablar de ella.


                  Daniel abrió los ojos y aproximó la cabeza a la


           ventanilla  del  coche.  Miró  arriba,  hacia  el  tenue


           atardecer,  y  comprobó  que  pronto  anochecería.



           Sopesó  sus  posibilidades,  las  consecuencias  de


           seguir adelante con aquello, pero sabía bien que la


           decisión ya estaba tomada.


                  Cuando llegó a la recepción del hotel, pidió que


           le  subieran  la  cena  en  una  hora,  no  le  apetecía


           comer rodeado de extraños en el restaurante de la


           planta baja. En cuanto llegó a la habitación, guardó


           todas sus cosas en la maleta, lo que no le llevó ni


           cinco minutos, y enlazó su móvil a la pantalla que



           había sobre el escritorio.


                  Entró  en  la  web  del  aeropuerto  Ben  Gurión  y


           consultó  la  lista  de  los  próximos  vuelos  con


           destinos  internacionales.  El  primer  avión  hacia


           Europa con plazas libres tenía como destino París,


           y  despegaba  a  las  11:30  de  la  noche.  Compró  un




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