Page 255 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Tel Aviv, deslizándose con suavidad por el torrente


           circulatorio regulado por aquella especie de mente‐


           colmena que conformaban los navegadores en red.


           El zumbido eléctrico del motor, que fluctuaba con



           las  aceleraciones  y  deceleraciones,  arrullaba  sus


           pensamientos como puede hacerlo el barrido de la


           lluvia  o  el  reflujo  de  las  olas  que  da  forma  a  la


           playa.  Aun  así,  su  mente  estaba  lejos  del  sosiego


           que necesitaba en esos momentos; más bien bullía


           con violencia a raíz de la conversación que acababa


           de  mantener,  de  la  cual  intentaba  extraer



           conclusiones de forma casi desesperada.


                  Una  de  sus  primeras  certezas  fue  que  Kenzõ


           Inamura sabía mucho más sobre David Samir de lo


           que  le  había  contado,  entre  otras  cosas  debía


           conocer,  o  al  menos  intuir,  que  se  trataba  de  su


           padre  biológico.  Por  eso  había  recurrido  a  él:  si


           había alguien en este mundo que podía compartir


           la  obsesión  del  multimillonario  japonés  por


           descubrir  qué  había  sido  de  Samir,  ese,  sin  duda,



           sería su propio hijo.


                  Muchos  años  atrás,  en  su  juventud,  cuando


           aquella duda comenzó a asaltarle en las noches de


           vigilia,  su  curiosidad  iba  acompañada  de  un


           intenso  sentimiento  de  culpabilidad  que  lo


           zarandeaba  sin  piedad.  Creía  que  al  preguntarse




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