Page 339 - Hijos del dios binario - David B Gil
P. 339
acondicionada como una especie de apartamento
independiente. Alicia comprendió que allí era
donde Merc debía de pasar la mayor parte del
tiempo, y que el piso inferior era para ella una
suerte de servidumbre de paso.
La muchacha la guio hasta el umbral de una
habitación sellada con una vieja cerradura y extrajo
del bolsillo una llave gris y pesada; encajó aquel
trozo de metal con un sonido tosco, obsoleto, y lo
giró dos veces antes de empujar la puerta. La
estancia exhaló un calor artificial que obligó a
Alicia a volver la cara. Pudo vislumbrar una
docena de lucernas rojas al amparo de aquella
oscuridad enrarecida, como bestias acechantes en
la penumbra.
Merc se sumergió en las tinieblas sin temor a
los espectros que la habitaban y, al cabo de un
instante, un chasquido hueco resonó en algún
lugar. Un zumbido electrónico reverberó en la
atmósfera y cinco pantallas fueron encendiéndose
una tras otra. Comenzaron a emerger los contornos
de una gran mesa de cristal, de estanterías
anegadas de placas de silicio y de cables que se
descolgaban por las paredes y corrían por el suelo.
Bajo aquella pálida luz, Alicia también descubrió
que los ojos que la acechaban no eran más que el
339

