Page 60 - Hijos del dios binario - David B Gil
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pondría fin a su larga etapa en Londres. Una etapa


           en  la  que  había  estudiado,  trabajado,  encontrado


           amigos y se había enamorado. Toda una vida. Una


           vida  a  la  que  ella  había  decidido  poner  fin  de



           manera abrupta aún no sabía por qué.


                  Y  así  es  como  recordaba  a  Will,  como  lo


           recordaría  siempre  ya:  de  pie  en  la  terminal  de


           vuelos  internacionales,  dolido  por  su  marcha,


           dolido por no quedarse allí con él, pero demasiado


           amable, demasiado bueno como para no estar con


           ella  hasta  el  final.  «Era  tan  distinto  de  Javier»,  se



           dijo en la oscuridad de su apartamento.


                  Sabía  que  el  dolor  estaba  amplificando  sus


           sentimientos,  que  el  vacío  de  la  pérdida  estaba


           puliendo las aristas de sus recuerdos, haciendo aún


           más incomprensibles y dolorosas sus decisiones de


           aquella vida pasada. Pero ¿acaso era malo? Will era


           un  hombre  bueno  y  generoso  al  que  ella  había


           dado  de  lado,  quizás  por  la  angustia  que  le


           provocaba  saber  que  no  podía  corresponderle  de



           igual modo. Él se merecía su dolor, y ella merecía


           sentirse  así,  merecía  recordar  su  marcha  como  la


           peor  de  sus  equivocaciones.  Pero  entonces  pensó


           en Lara, y se sintió culpable del arrepentimiento al


           que  había  dado  rienda  suelta.  Sin  aquellas


           decisiones pasadas, sin aquellos errores, su hija, lo




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