Page 67 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Interludio


            Nicholas









                  Corría  solo  por  el  bosque.  La  nieve  bajo  los


           pies, el sol sobre su cabeza, parpadeando entre las


           ramas  como  un  código  binario.  La  carrera  se  lo


           llevaba  todo,  su aliento  y  su  angustia,  hasta  dejar


           tan solo la necesidad de dar un paso más. Solo así,


           con  la  mente  anegada  por  el  agotamiento  físico,


           Nicholas conseguía sentirse libre. Saltaba sobre los



           muros que levantaran siglos atrás piadosos jesuitas


           y  huía  de  St.  Martha,  lo  más  lejos  posible  de  un


           lugar que le retenía tras piedra y hierro trenzado.


                  En  esta  ocasión,  sin  embargo,  unas  voces  lo


           sacaron  del  trance.  Resultaban  ininteligibles,  pues


           llegaban  amortiguadas  por  la  arboleda,  pero


           percibió en ellas un sabor agrio. Aminoró el ritmo y


           caminó entre los robles en dirección a la residencia,


           atento a las voces mientras recuperaba el resuello.



           El  pulso  le  palpitaba  en  los  oídos,  y  la  saliva,


           espesa,  resultaba  difícil  de  tragar.  Fue  entonces


           cuando escuchó el golpe: un crujido seco como el


           de una rama al quebrarse, seguido de un gemido.


                  Echó a correr de nuevo, y cuando los árboles se


           hicieron a un lado, encontró a cuatro muchachos en




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