Page 71 - Hijos del dios binario - David B Gil
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primer  puñetazo,  no  pudo  hacer  nada  por


           defenderse.  Le  había  pegado  con  todo  el  cuerpo,


           empujando  desde  la  cadera;  un  golpe  tan  bien


           colocado que podría haber zanjado el asunto, pero



           Nicholas  le  permitió  incorporarse  y  levantar  los


           puños. Reiner era un buen púgil, le gustaba pasar


           horas  en  el  gimnasio,  castigar  al  saco,  así  que  se


           abalanzó sobre él, amagó con la izquierda y golpeó


           con la derecha. La acometida atravesó la guardia de


           Nicholas  y  le  aplastó  el  labio,  pero  este  no  se


           amedrentó. Ni siquiera dio un paso atrás. Se limitó



           a mirarle a los ojos, escupir sangre, y aprovechar su


           turno.


                  Para Reiner pronto se hizo evidente que su rival


           no era como el saco de boxeo. Era rápido, fuerte y,


           sobre todo, devolvía los golpes. Se encogió sobre sí


           mismo  e  intentó  protegerse,  pero  Nicholas  no


           pegaba  a  lo  loco,  empujaba  con  fuerza  y  buscaba


           los puntos desguarnecidos. Por fin, un puñetazo en


           el estómago hizo a Reiner doblarse en dos y caer de



           rodillas,  momento  en  el  que  Nicholas  sintió  un


           profundo  aguijonazo  en  su  costado  derecho:  el


           tercer  matón,  el  que  no  tenía  nombre,  le  había


           atacado por la espalda. Sin dejar entrever el dolor


           que sentía, Nicholas lanzó su codo hacia atrás y lo


           estrelló  contra  el  rostro  de  su  agresor,  que  ahogó




                                                                                                             71
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