Page 95 - Hijos del dios binario - David B Gil
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importarme. De hecho, ni siquiera sé por qué
habría de importarle a usted.
—Digamos que el señor Rosesthein y yo
mantenemos una vieja rivalidad, y hemos pasado
mucho tiempo observándonos el uno al otro, el
suficiente como para saber que mi viejo enemigo
no se implicaría tan personalmente en algo si no
estuviera preparando su gran salida de escena, su
canto del cisne.
—¿Y cuál es ese gran truco final que,
supuestamente, le he estado ayudando a preparar?
—Aún no lo sé. Pretendo que usted me ayude a
descubrirlo.
Daniel se reclinó hacia delante con una sonrisa
divertida, como si no quisiera tomarse en serio lo
que estaba escuchando.
—¿Me está diciendo que me ha hecho venir
hasta aquí solo para meterme en medio de una
larga partida de ajedrez? No soy ningún peón,
señor Inamura, y no se me ocurre ninguna buena
razón para entrometerme en sus retorcidos juegos.
—Esto no es ningún juego, señor Adelbert. Lo
que Rosesthein planea puede tener consecuencias
graves, y me siento en la obligación de poner
cortapisas a sus objetivos.
—Es increíble —rio Daniel—, acaba de decirme
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