Page 90 - Hijos del dios binario - David B Gil
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En cierto modo, ambos disfrutaron de la cena:
Inamura era un conversador hábil que lograba que
su interlocutor se encontrara cómodo y se abriera al
diálogo, y si bien Daniel le siguió el juego y no tuvo
problemas en explayarse, siempre pisó el terreno
firme de lo frívolo y trivial. Sabía que aquel
intercambio amable de opiniones era la manera que
tenía Kenzõ Inamura de averiguar sobre su
huésped más de lo que este quería dejar ver: quizás
algún dato de interés deslizado de forma
descuidada, o algún rasgo de carácter que quedara
implícito durante la conversación, cualquier cosa
que le hiciera más fácil de manipular llegado el
momento de la negociación. Pero Daniel supo
cerrar todas las puertas, y a no ser que el haiku de
Issa Kobayashi o el jazz de la Nueva Orleans post
Katrina fueran algunos de los temas sobre los que
Inamura deseara indagar, llegó al momento clave
de la conversación con las mismas armas que tenía
antes de sentarse a la mesa.
—Rosesthein ha estado utilizándole —dijo
Inamura de improviso. Tenía un brazo echado por
encima del respaldar de su silla mientras que, con
la otra mano, hacía bailar el coñac dentro de su
copa.
—Por supuesto. Y yo a él. Le puedo asegurar
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