Page 109 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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gravitatorios. Horza opinaba que en cuanto a
comodidades y alojamientos de la tripulación dejaba
mucho que desear.
Le habían asignado el catre ocupado por el difunto
Zallin y compartía un cubo de dos metros —designado
mediante el eufemismo de «camarote»—, con Wubslin,
el mecánico de la nave. Wubslin se otorgaba el título de
ingeniero, pero después de unos cuantos minutos de
conversación en los que intentó sonsacarle detalles
técnicos sobre la Turbulencia en cielo despejado, Horza se
dio cuenta de que aquel hombretón corpulento de piel
blanquecina sabía muy poco sobre los sistemas más
complejos de la nave. Wubslin no era un tipo
desagradable, no olía y se pasaba la mayor parte del
tiempo durmiendo, por lo que Horza suponía que la
situación podría haber sido mucho peor.
La nave albergaba a dieciocho personas repartidas
en nueve camarotes. El Hombre, naturalmente,
disponía de todo un camarote para él solo, y los
Bratsilakin compartían un recinto de atmósfera más
bien pestilente. Los Bratsilakin preferían que su puerta
estuviese abierta; el resto de la tripulación prefería
cerrarla de un manotazo cuando pasaba junto a ella.
Horza se llevó una decepción al descubrir que sólo
había cuatro mujeres a bordo. Dos de ellas apenas si
salían de su camarote, y se comunicaban con los demás
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