Page 174 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza no estaba seguro de qué tal dormiría aquella

              noche. Estuvo despierto durante unas horas escuchando

              las no muy aparatosas pesadillas de Wubslin. Después


              alguien llamó suavemente a la puerta de su camarote.

              Yalson  entró  en  el  cubículo  y  se  sentó  en  el  catre  de


              Horza.


                     Apoyó la cabeza sobre su hombro y se abrazaron.

              Pasado  un  rato  ella  le  cogió  de  la  mano  y  le  guió  en


              silencio por el pasillo en dirección opuesta al comedor

              —donde la luz y el eco distante de la música indicaban

              que  Kraiklyn  no  dormía  y  estaba  relajándose  con  la


              ayuda de un esnifrasco y una holocinta sónica—, hasta

              llegar  al  camarote  que  había  alojado  a  Gow  y  kee—

              Alsorofus.


                     La oscuridad del camarote y la pequeña cama llena


              de  olores  extraños  y  texturas  nuevas  fue  el  escenario

              donde representaron la vieja obra del varón y la hembra,


              aunque en su caso —y ambos lo sabían—, se trataba de

              una  conjunción  casi  inevitablemente  estéril  entre

              especies y culturas separadas por millares de años luz.


              Después los dos se quedaron dormidos.
















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