Page 170 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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francotiradores empezaron a dispararles desde ambos

              lados de la jungla. Lamm quería entrar en el templo con

              el cañón de plasma y vaporizar a unos cuantos monjes,


              pero Kraiklyn dio orden de retirarse. Lamm arrojó el

              cañón de plasma al suelo y emprendió el vuelo hacia

              la  lanzadera  en  solitario,  maldiciendo  ruidosamente


              por  el  canal  colectivo  en  el  que  Yalson  seguía

              intentando establecer contacto con los Bratsilakin.


                     Avanzaron por entre los tallos de hierba—junco y


              la maleza bajo los senderos llameantes y los whoossh de

              los chorros de plasma, con Jandrageli encargándose de


              cubrirles. De vez en cuando tenían que agacharse para

              esquivar  los  proyectiles  de  pequeño  calibre  que

              atravesaban la espesura a su alrededor.


                     Cuando llegaron al hangar de la Turbulencia en cielo


              despejado  se  fueron  dejando  caer  junto  al  metal  aún

              caliente de la lanzadera, que iba enfriándose con todo

              un  acompañamiento  de  crujidos  y  chasquidos


              después  de  su  ascenso  a  gran  velocidad  por  la

              atmósfera.


                     Nadie  tenía  ganas  de  hablar,  por  lo  que  se


              limitaron a quedarse inmóviles sentados o tumbados

              en  la  cubierta,  algunos  con  las  espaldas  pegadas  al


              recalentado  flanco  de  la  lanzadera.  Los  que  habían

              estado  dentro  del  templo  eran  los  más  obviamente

              afectados; pero incluso los otros, que sólo habían oído



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