Page 300 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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segundos y detuvo su avance. Horza pensó que no iba
a conseguirlo, que se quedaría atrapado en aquella
posición y que acabaría ahogándose con la cabeza
hacia abajo y los pies apuntando hacia arriba. Un
instante después el aire escapó con un leve burbujeo
por los agujeros que el láser de Lamm había hecho en
sus botas y Horza siguió bajando.
Se abrió paso por entre el agua con dirección al
rectángulo de luz, cruzó el hueco de las puertas y se
adentró en las espejeantes profundidades verdosas que
había debajo del aparato. Movió las piernas y empezó
a subir, emergiendo de las olas con un jadeo que llenó
sus pulmones de aire cálido. Sintió cómo sus ojos se
adaptaban a la claridad oblicua pero aún potente de las
últimas horas del atardecer.
Se agarró al metal abollado y lleno de agujeros del
morro —que asomaba unos dos metros por encima del
agua—, y miró a su alrededor intentando ver la isla,
pero no lo consiguió. Siguió moviéndose lo justo para
permanecer a flote dejando que su maltrecho cuerpo y
su cerebro tuvieran tiempo de recuperarse. Vio como
el morro del aparato se iba hundiendo en el agua y se
deslizaba lentamente hacia adelante de tal forma que
la lanzadera acabó flotando sobre las olas que lamían
su parte superior. El Cambiante logró izarse al techo
de la lanzadera con un esfuerzo que creó nuevos
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