Page 297 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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mamparo y que te prepares para el impacto. Intentaré
hacer que se pose de la forma más suave posible...
—Mipp —dijo Horza, sentándose en el suelo con la
espalda pegada al mamparo—, ¿puedo hacer algo?
—Nada —dijo Mipp—. Ahí vamos... Lo siento,
Horza. Agárrate fuerte.
Horza hizo justamente lo contrario y relajó todos los
músculos de su cuerpo. El aire que entraba rugiendo por
el hueco de las puertas aullaba dentro de sus oídos; la
lanzadera temblaba debajo de él. El cielo estaba muy
azul. Captó un fugaz atisbo de olas. Hizo que los
músculos de su espalda conservaran la tensión justa
para que su cabeza siguiera pegada a la superficie del
mamparo. Después oyó gritar a Mipp. No había
palabras; sólo un grito de miedo, un ruido puramente
animal.
La lanzadera chocó con algo. El impacto hizo que
el cuerpo de Horza quedara pegado a la pared, pero la
presión desapareció enseguida. El aparato alzó un
poco el morro. Horza sintió que su peso disminuía, vio
olas y espuma blanca entrando por el hueco de las
puertas. Las olas desaparecieron, vio el cielo y cerró los
ojos mientras el morro de la lanzadera volvía a bajar.
El aparato se estrelló contra las olas, resbalando
sobre ellas hasta detenerse. Horza sintió como si la
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