Page 296 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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                                               Los Devoradores





                     Durante un segundo Horza careció de peso. Sintió


              como  su  cuerpo  era  atrapado  por  los  torbellinos  de

              viento que entraban remolineando por el hueco de las

              puertas, atrayéndole hacia ellas. Se agarró a la ranura de


              la  pared  que  había  utilizado  antes  para  sujetarse.  La

              lanzadera inclinó el morro, y el rugido del viento se hizo


              más  potente.  Horza  estaba  flotando  con  los  ojos

              cerrados,  sus  dedos  metidos  en  la  hendidura  de  la

              pared, esperando el choque final; pero el aparato logró


              volver a nivelarse y Horza se encontró otra vez con los

              pies en el suelo.


                     —¡Mipp! —gritó.


                     Fue tambaleándose hacia la puerta. Sintió que el


              aparato empezaba a virar y se volvió hacia el hueco de

              las puertas traseras. Seguían cayendo.


                     —Se  acabó,  Horza  —dijo  Mipp  con  un  hilo  de


              voz—. La he perdido. —Parecía encontrarse muy débil,

              como  si  estuviera  sumido  en  una  mezcla  de  calma  y

              desesperación—. Voy a volver a la isla. No llegaremos


              allí,  pero...  Nos  estrellaremos  dentro  de  unos

              momentos...  Será  mejor  que  te  acuestes  junto  al








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