Page 301 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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dolores en sus brazos, y se quedó tumbado allí como

              un pez varado en la playa.


                     Empezó a desconectar las señales del dolor, como

              si fuese un sirviente cansado que recoge los trocitos de


              los  objetos  frágiles  destrozados  por  su  amo  en  un

              ataque de rabia.


                     Y sólo entonces, tumbado sobre la parte superior


              del fuselaje de la lanzadera sintiendo el roce de las olas,

              se  dio  cuenta  de  que  toda  el  agua  que  había  estado


              tragando  y  escupiendo  entre  toses  era  agua  dulce.

              Hasta  aquel  momento  ni  se  le  había  pasado  por  la

              cabeza que el Mar Circular pudiera ser otra cosa que


              una  inmensa  extensión  de  agua  salada,  como  la

              mayoría  de  océanos  planetarios,  pero  el  agua  no

              contenía ni pizca de sal y Horza se alegró, pensando


              que por lo menos no moriría de sed.


                     Se  incorporó  cautelosamente  sobre  el  techo

              mientras las olas se estrellaban contra sus pies. Miró a


              su  alrededor  y  pudo  ver  la  isla...,  a  duras  penas.  La

              claridad  del  atardecer  hacía  que  pareciese  muy

              pequeña  y  distante  y,  aunque  había  una  débil  brisa


              cálida que soplaba más o menos hacia la isla, Horza no

              tenía ni idea de en qué dirección podían llevarle las


              corrientes, si es que las había.


                     Se  sentó  sobre  el  fuselaje  y  acabó  acostándose,

              dejando que las aguas del Mar Circular se deslizaran


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