Page 548 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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compartimentos eran tan grandes que sólo podían
pertenecer a naves estelares.
Horza observó la pantalla mientras pilotaba la
Turbulencia en cielo despejado exactamente igual que
si fuera un vehículo aéreo. Estaban avanzando a toda
velocidad por un gigantesco pasillo que debía tener un
kilómetro de anchura, con la capa de nubes colgando a
unos quinientos metros por encima de ellos. Las naves
estelares se movían lentamente por el mismo espacio
que ellos, algunas impulsadas por sus campos
antigravitatorios, la mayoría por los campos de los
remolcadores ligeros. Todo se desplazaba muy despacio
y sin hacer ningún ruido.
Lo único que turbaba la calma del interior de aquella
nave descomunal era la Turbulencia en cielo despejado
y el aullido con que hendía la atmósfera, suspendida
sobre dos espadas gemelas de llamas que emergían de
las cámaras de plasma al rojo blanco. Otro acantilado
repleto de puertas enormes apareció ante ellos. Horza se
volvió hacia la pantalla principal e hizo girar la
Turbulencia en cielo despejado, trazando una
prolongada curva hacia la izquierda, e inclinó
levemente el morro para enfilar por un nuevo cañón
todavía más ancho que el anterior. El muro de puertas y
accesos se inclinó hacia ellos cuando Horza manipuló los
controles para que el giro de la nave se volviera todavía
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