Page 677 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza la miró sin entender por qué se había puesto
tan triste mientras el calor de su mano acababa con la
existencia de aquella criatura de las nieves.
La Turbulencia en cielo despejado siguió bajando
hacia el planeta, moviéndose en círculos sobre las
gélidas capas superiores de la atmósfera, yendo del día
a la noche para volver al día, acercándose un poco más
al ecuador y los trópicos con cada nueva espiral.
Poco a poco fue encontrándose con una atmósfera
cada vez más consistente: iones y gases, ozono y aire.
Atravesó la delgada envoltura del planeta con una voz
de fuego, iluminando el cielo nocturno como si fuera
un inmenso meteorito capaz de alterar su rumbo, dejó
atrás el terminador del alba, avanzó sobre mares color
gris acero, icebergs en forma de meseta, riscos de hielo,
morenas y acantilados, costas heladas, glaciares,
cordilleras, tundras, más capas de hielo compacto y,
finalmente, fue descendiendo sobre sus columnas de
llamas hasta llegar a una península de mil kilómetros
de longitud que asomaba del mar helado como un
monstruoso miembro fracturado envuelto en escayola.
—Ahí está —dijo Wubslin.
Estaba observando la pantalla del sensor de masas.
Una luz se encendía y se apagaba moviéndose
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