Page 673 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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—Confía en Dios —dijo—. No nos ocurrirá nada.
—Miró a Horza—. ¿Verdad, Horza?
Horza asintió.
—Claro que no. Todo irá estupendamente.
Giró sobre sus talones y volvió al puente.
Estaban muy arriba, entre las nieves, observando el
sol de mediados del verano que iba hundiéndose en los
mares rojizos de aire y nubes. Una ráfaga de viento frío
hizo que varios mechones de su cabellera se agitaran
sobre el rostro de la mujer, castaño rojizo acariciando la
blancura de la piel, y el hombre alzó una mano casi sin
pensarlo para apartarlos de sus ojos. La mujer se volvió
hacia él y apoyó la cabeza en el hueco de su mano. Sus
labios se curvaron en una leve sonrisa.
—Bueno, se acabó el día de verano.
Había hecho un día muy hermoso, con la
temperatura todavía bastante por debajo del punto de
congelación pero, aun así, lo suficientemente suave
para que pudieran quitarse los guantes y prescindir de
la protección que les ofrecían las capuchas. El hombre
sintió el calor de la piel de su cuello en la palma de la
mano, y cuando la mujer alzó la cabeza hacia él para
mirarle su lustrosa y pesada cabellera le rozó el dorso de
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