Page 675 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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broma—. A veces consiguen sorprenderme incluso a
mí.
—¿Y qué haces entonces? —preguntó ella. Los
últimos rayos del sol caían sobre su pálido y delgado
rostro dándole un falso color sonrosado—. ¿Te
sorprenderás mucho cuando te marches?
—¿Por qué siempre das por sentado que voy a
marcharme? —exclamó él con voz irritada. Metió las
manos en los bolsillos de la gruesa chaqueta y
contempló el hemisferio de la estrella que iba
desapareciendo detrás de las montañas—. Ya te he
dicho no sé cuántas veces que soy feliz aquí.
—Sí —dijo ella—. No paras de repetírmelo.
—¿Por qué iba a querer marcharme?
La mujer se encogió de hombros, deslizó un brazo
alrededor del suyo y apoyó la cabeza en su hombro.
—Las luces brillantes, las multitudes, emociones y
aventuras; otras personas.
—Soy feliz aquí contigo —dijo él.
Le puso el brazo sobre los hombros. Incluso
llevando aquella chaqueta acolchada la mujer producía
una impresión de delgadez que casi llegaba a la
fragilidad.
La mujer guardó silencio durante unos momentos.
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