Page 741 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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ojos siempre estaban aguardándole, tan vacíos e
inexpresivos como bocas o blancos de tiro; y las bocas
le engullían y Horza se precipitaba en la negra boca del
ojo dejando atrás el hielo que la rodeaba, el hielo muerto
que recubría los contornos de aquel ojo frío que le
devoraba; y un instante después ya no estaba cayendo
sino que corría, corría con la lentitud de alguien que
carga con un peso terrible o intenta avanzar entre el
cieno, corría por las cavidades de los huesos de su
cráneo, y su cráneo estaba desintegrándose lentamente;
su cráneo
era un planeta muy frío repleto de túneles que
siempre terminaban en un muro de hielo infinito, y los
túneles se derrumbaban a su espalda cada vez más
deprisa hasta que terminaron atrapándole y Horza
volvió a caer en el frío túnel de aquel ojo, y mientras caía
oyó un ruido que brotaba de la garganta helada del ojo
y de su propia boca, un sonido que le heló hasta la
médula de los huesos con un frío más terrible que
cualquiera de los que podían provocar el hielo o la nieve,
y el ruido decía: —EEEeee...
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