Page 744 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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cuerpo aunque no necesitaba hacer ese gesto para
conservarlo. Los sonidos que vibraban en sus oídos —
la circulación de su sangre, la lenta marea de su
aliento—, se fueron haciendo más potentes y cobraron
extrañas armonías. La luz que ardía detrás de sus
párpados empezó a palpitar siguiendo el ritmo de su
corazón. Sintió que estaba frunciendo el ceño y se
imaginó su frente arrugándose hasta imitar los pliegues
de las colinas, y una parte de su ser que seguía
observándolo todo desde una gran distancia pensó que
aún no dominaba demasiado bien el proceso.
Abrió los ojos y el mundo había cambiado. Las
colinas eran olas verdes y marrones coronadas por
crestas de espuma blanca. La llanura estaba inundada de
luz y el dibujo de pastizales y bosquecillos que llegaba
hasta el nacimiento de las cordilleras parecía un mero
camuflaje, inmóvil y en continuo movimiento, como un
edificio muy alto visto contra el telón de fondo de las
nubes que se deslizan rápidamente por el cielo. Los
riscos boscosos eran divisiones en un inmenso y
atareado árbol—cerebro, y los picachos cubiertos de
nieve y hielo que la rodeaban se habían convertido en
fuentes vibratorias emisoras de una luz que también era
sonido y olor. Fal experimentó una vertiginosa
sensación de concentricidad, como si su cuerpo fuera el
núcleo alrededor del que giraba todo aquel paisaje.
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