Page 843 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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—Concéntrate en seguir con vida para que pueda

              entregarte a los altos mandos de la flota, Xoxarle —

              dijo  Horza—.  La  persecución  y  los  combates se han


              terminado. Ahora todos estamos buscando esa Mente,

              ¿entendido?


                     —Qué  cacería  tan  miserable,  humano  —dijo


              Xoxarle—.  Un  final  ignominioso  para  toda  esta

              empresa...  Haces  que  me  avergüence  de  ti  pero,

              naturalmente,  no  eres  más  que  un  ser  humano,


              ¿verdad?


                     —Oh, cállate y camina —dijo Yalson.


                     Pulsó los botones de la unidad de control de su traje

              y se alzó por los aires hasta que sus ojos quedaron a la


              altura  de  la  cabeza  del  idirano.  El  idirano  lanzó  un

              bufido, giró sobre sí mismo y empezó a avanzar con

              paso cojeante por el túnel. Los demás le siguieron en


              fila de a uno.


                     Horza se dio cuenta de que el idirano empezaba a

              cansarse  después  de  que  llevaran  recorridos  varios


              kilómetros. Las zancadas del gigante se volvieron más

              cortas. Aparte de eso, movía con una frecuencia cada


              vez mayor las grandes placas de queratina que cubrían

              sus  hombros,  como  si  intentara  aliviar  algún  dolor

              interno, y de vez en cuando meneaba la cabeza como si


              intentara  despejarla.  También  se  giró  dos  veces  y

              escupió sobre la pared. Horza contempló las manchas


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