Page 307 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
—Me encuentro tan bien contigo, Edy... —dijo, en
voz baja.
—Y yo contigo —contestó ella.
«Pídemelo... pídeme que no me vaya». Pero Edy no
dijo nada; en silencio, se levantó y comenzó a cerrar la
pesada puerta de entrada.
En los días sucesivos, Sergio trató de ahogar en una
avalancha de trabajo aquel sentimiento de ternura,
cada vez más profundo, que experimentaba viendo o
pensando en Edy. Al mismo tiempo, este intenso
trabajo le servía de lenitivo, pues pensaba que por lo
menos, cuando marchase, dejaría arregladas casi todas
las labores que había pendientes. Trabajó en el campo,
repasó los canales de riego, reparó el molino de harina,
plantó fresas y renuevos de árboles, colocó rodrigones
en los que estaban más débiles, y cuando no había nada
más que hacer, preparó conservas en la nave de
madera... Pero esto no le liberaba de pensar en ella, en
su carácter, en su silencio, que era a veces mucho más
expresivo que un aluvión de palabras...
Una tarde ella le prohibió hacer nada. El pequeño
Hermán fue a buscarle al taller, donde se hallaba
colocando etiquetas, para pedirle que viniera.
Edy estaba sentada en el porche, con el vestido
floreado que tanto costó sacarle a Honest John, calzada
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