Page 308 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
con unos finos zapatos de piel, en vez de los mocasines
o las rústicas botas que normalmente llevaba. Había
una pequeña mesita, con un farol de kerosene
encendido; esto era un lujo inesperado; el kerosene era
caro y difícil de obtener. Sergio sabía que h una
pequeña reserva en la casa; pero nunca se había usado.
—¿Qué pasa hoy, Edy?
—Es mi cumpleaños... cumplo veintisiete. Hoy no
trabajas más...
—Felicidades. Perdona; no lo sabía...
—¿Por qué había de perdonarte?
—Si lo hubiera sabido antes... no sé... habría buscado
algo para ti... creo que hubiera podido ir y volver a
Abiiene en cuatro o cinco días...
—Yo prefiero que hayas estado aquí.
—Yo también...
«¿Por qué ella no dice nada? No puedo hacerle esto...
no puedo. Ella sabe que me iré, y no quiere ser un
obstáculo...». Sergio le cogió la mano, sintiéndola
cálida y fuerte dentro de la suya. Ella sonrió y pareció
como si su rostro, en el que la suave curva de las
mejillas guardaba todavía un trazo indefinible de la
juventud casi infantil, se iluminase completamente...
De golpe, el deseo que Sergio había estado reteniendo
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