Page 254 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 254
hacen por cumplir el expediente, como ocurre con
muchos soldados de infantería ligera que están
deseando lanzar su venablo para salir corriendo y
alejarse cuanto antes del enemigo. Cada legionario
romano tiene dos pilos que graba con su nombre o una
marca personal. Al final de la batalla los recogen todos
y hacen recuento.
Aquellos cuyos pilos aparecen en el suelo deben
pagar una didracma de plata, los que los arrancan del
cuerpo de un enemigo la reciben y quienes han
taladrado un escudo quedan en paz. A veces ocurre
que el acierto de los legionarios es tal que quienes
deben recibir una moneda son más que los que tienen
que pagarla; en tales casos, es tradición que sean los
propios centuriones y tribunos los que se rasquen la
bolsa para pagar la diferencia y recompensar la
puntería de sus hombres. Más que por el dinero en sí,
creo que han instituido esta costumbre por afán de
emulación y por crear entre los soldados un auténtico
5
espíritu de cuerpo, y a fe mía que lo consiguen.
»Al examinar los cadáveres de nuestros hombres,
comprobé que los pilos habían atravesado a algunos de
ellos de parte a parte perforando las gruesas capas de
sus corazas de lino e incluso las placas de metal.
5 Añadido más tarde en el margen: «He descubierto que no es una costumbre extendida, sino una innovación
de G. Julio para espolear a sus hombres».
254

