Page 249 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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tratase de una fuerza reducida que viajaba por su
propio territorio, para los romanos montar un
campamento no era cuestión baladí. Primero los
exploradores buscaban un sitio elevado, bien protegido
y con agua fresca, y una vez encontrado, mientras diez
soldados montaban las tiendas del tribuno y de sus
rehenes, los demás se dedicaban a abrir agujeros en el
suelo y cortar troncos para montar una empalizada en
los lugares que pudiesen ofrecer un acceso a posibles
enemigos. También excavaban letrinas y preparaban
fuegos para cocinar, organizaban los turnos de guardia
y sólo después se permitían el lujo de sentarse para
cenar y beber vino aguado antes de dormir al raso
envueltos en sus propios mantos.
Néstor siguió escribiendo.
«Si lo que querías era un rival digno de tu fama, ¡oh
rey!, creo que lo has encontrado. Estos romanos son de
cuidado. Por un lado son eficaces, prácticos, metódicos
y disciplinados. Sus milicias de leva, a las que llaman
legiones, desfilan, se adiestran y combaten con tanta
pericia como profesionales macedonios o mercenarios
griegos. Por otra parte, los romanos albergan la
convicción de que su ciudad está por encima de todas
las demás y que el resto de los humanos somos seres
inferiores, y hasta a mí, que les saco un palmo a casi
todos, pretenden mirarme por encima del hombro
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