Page 253 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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conocen, como hicieron los bactrianos, los capadocios
o los hircanios; no, ellos van a combatir por sus
ciudades, sus aldeas, sus tierras y un modo de vida que
creen superior al de todos los demás.
»Aunque no he llegado a ver a una de sus legiones
completas formadas ni en acción, lo que presencié a los
pies del monte Circeo bastó para impresionarme.
Había cierta belleza en la fría y brutal eficacia con la
que los romanos dieron cuenta de nuestros hombres.
Después, durante estos tres días, me he dedicado a
observar a los soldados que nos custodian. Por sus
conversaciones sobre ascensos y las anécdotas que los
veteranos cuentan para ilustrar a los más bisoños, creo
haber deducido cómo se organizan sus tropas.
»Al principio creí que su infantería de línea llevaba
lanzas al estilo griego, pero enseguida descubrí (no en
mis carnes, por suerte) que se trataba de una especie de
jabalina a la que llaman pilum y cuyos efectos
mortíferos entre nuestras tropas pude comprobar con
gran inquietud. Los pilos se diferencian de las jabalinas
que utilizan nuestros peltastas y agrianos porque el
fuste de madera sólo llega hasta la mitad del arma o un
poco más allá; el resto es una vara de hierro fina y
sólida con punta piramidal. En vez de usar el pilo como
arma de mano, los legionarios lo arrojan contra el
enemigo cuando están a unos treinta pasos de él. No lo
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