Page 286 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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placer de escalarlas con nuestro rey —añadió sin el
menor asomo de ironía.
—Ésa es una falsa impresión causada por el frío y el
enrarecimiento del aire en circunstancias locales —
respondió Dicearco—. Por definición, es imposible que
una montaña pueda superar la altura que he dicho.
—Parece mentira que hayas estudiado con
Aristóteles —dijo Alejandro—. Él no estaba dispuesto
a mantener una teoría si veía que los hechos reales la
contradecían.
–Discúlpame, ¡oh rey!, pero deberías confiar en mí
para las matemáticas y la medición de la Tierra. Yo no
te discuto cómo debes disponer tus falanges en el
campo de batalla.
Alejandro soltó una carcajada. A Demetrio le
sorprendió que un simple científico se atreviera a
contradecir así al rey más poderoso de la ecúmene.
Desde luego, Alejandro no parecía el tirano despótico
y sanguinario que Demóstenes les había vendido a los
atenienses. De hecho, a Demetrio le recordaba más lo
que sabía del estadista Pericles, que había gobernado
Atenas durante muchos años recurriendo a la
persuasión y no a la fuerza. Curiosamente, Pericles
también frecuentaba la compañía de científicos como
Anaxágoras, un jonio de quien su hermano le había
hablado en términos casi elogiosos, algo raro en él.
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