Page 290 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—La Luna no puede ser de cristal porque tapa las

            estrellas e incluso oscurece el Sol en los eclipses lo que


            quiere  decir  que  es  un  cuerpo  opaco  —intervino

            Euctemón. Curiosamente, en vez de estar mirando el

            tránsito de Ícaro sobre la Luna tenía la mirada clavada


            en la clepsidra y observaba cómo el pico de la diminuta

            grulla de madera que flotaba en el recipiente inferior


            iba subiendo por la escala graduada que indicaba las

            fracciones de hora.


                  —Tiene  razón  —reconoció  Dicearco.  El  topógrafo

            estaba contemplando el cometa a través de los tubos de


            una  dioptra  doble  apoyada  sobre  la  balaustrada—.

            ¿Cuál  es  la  declinación  de  Ícaro  ahora  mismo,

            muchacho?



                  Euctemón apartó los ojos de la clepsidra, miró hacia

            el cometa, dobló el cuello hacia atrás hasta encontrar la

            zona donde se hallaba la Osa Menor y por fin dijo:



                  —Está una novena fracción de cuadrante por debajo

            del ecuador celeste.


                  Dicho  esto,  volvió  a  concentrarse  en  la  clepsidra,

            como si fuera la fuerza de su mirada y no la caída del


            agua lo que la hiciera moverse. Dicearco se apartó de la

            dioptra y preguntó a Demetrio en voz baja:


                  —¿Lo sabía ya o es que puede calcularlo a simple


            vista? —Las dos cosas —respondió Demetrio.




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