Page 289 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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media hora —insistió Euctemón.


                  Todos contenían la respiración. Incluso Pérdicas y

            Peucestas se habían reunido con ellos y miraban hacia


            el  cielo  en  silencio.  El  cometa  siguió  su  avance,  un

            movimiento demasiado lento para ser perceptible, pero


            con resultados que poco a poco se hacían visibles. Al

            principio, cuando la mancha roja se superpuso sobre el

            borde de la Luna pudo antojarse que era una ilusión


            óptica creada por una especie de halo. Pero el cometa

            siguió avanzando sin desaparecer de la vista y pronto

            fue obvio que estaba pasando por delante de la blanca


            faz de la Luna, seguido por su brillante cabellera.


                  Demetrio  suspiró.  Hubiera  deseado  que  su

            hermano  no  tuviese  razón,  pero  estaba  convencido


            desde  el  principio  de  que  sus  matemáticas  eran  tan

            infalibles  y  seguras  como  el  propio  curso  de  las

            estrellas.



                  —¿Qué  dices  ahora,  Dicearco?  —pregunta

            Alejandro.              —Podría              tratarse          de        una         ilusión

            atmosférica, de un fenómeno creado por...


                  —No conozco ningún fenómeno que haga que se


            pueda ver a alguien que está detrás de una pared. A no

            ser  que  la  pared  sea  de  cristal  —dijo  Alejandro,  con

            cierta  impaciencia—.  ¿Acaso  la  Luna  es  de  cristal,


            Dicearco?





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