Page 291 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—En  verdad  es  un  hijo  de  Urania  —dijo  el

            topógrafo, y Demetrio comprendió que por fin se había


            rendido al talento casi sobrenatural de su hermano.


                  Los demás seguían observando el paso de Ícaro con

            desasosiego, como si estuvieran ante un mal augurio.


            Contemplar aquella mancha roja atravesando la faz de

            la Luna no era como ver el astro tapado por la sombra

            de  las  nubes.  No  llegaba  a  ser  un  eclipse,  pero  de


            alguna  manera  resultaba  más  inquietante,  como  si

            Ícaro estuviese profanando y manchando de sangre a

            la blanca Selene.


                  Alejandro le hizo un gesto a Euctemón para que se


            acercara.  El  joven  vaciló  un  instante  mirando  la

            clepsidra, pero por fin se levantó del taburete y acudió,


            caminando  sin  mover  los  brazos.  A  Demetrio  le

            sorprendía que su hermano hubiese comprendido que

            con Alejandro no valía hacerse el sordo como con los


            demás.


                  —¿El resto de tus cálculos están bien? —preguntó

            Alejandro.


                  —Son            cálculos           muy           sencillos           cuando            se


            comprenden —respondió Euctemón—. Ícaro gira cada

            vez más rápido alrededor de Gea porque está más cerca

            y por eso ahora tarda sólo siete días en desaparecer del


            cielo y está otros siete días escondido bajo el hemisferio

            austral.  Tardará  cada  vez  menos  hasta  que  gire  tan


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