Page 294 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Demetrio comprendió que le fallaba alguna fórmula

            básica para hacer sus cálculos. Entonces su hermano se


            dio la vuelta y corrió hacia la mesa de Dicearco. Allí se

            puso a revolver entre los rollos de papiro, las reglas, los

            compases y los tinteros, tirando al suelo todo lo que le


            estorbaba.  El  topógrafo  dio  un  grito  y  se  quiso

            abalanzar  sobre  él,  pero  Peucestas  lo  retuvo


            agarrándole por ambos codos.


                  —¡Me  va  a  estropear  los  mapas!  —se  lamentó

            Dicearco.


                  Por fin Euctemón debió encontrar lo que buscaba,

            un  dibujo  topográfico  que  representaba  relaciones


            entre ángulos. Leyó a toda prisa las fórmulas que lo

            acompañaban, volvió a mirar hacia el cielo y, casi por


            primera vez en su vida, sonrió.


                  —El  cometa  Ícaro  mide  quinientos  estadios  de

            diámetro con un décimo de aproximación.


                  Demetrio sintió que el estómago se le encogía.


                  —¿A cuánto equivale esa distancia?


                  —El cometa Ícaro mide casi la mitad de la isla de


            Creta.


                  Todos se quedaron callados durante un rato. Por fin,

            Peucestas dijo:



                  —¿Seguro                que         quieres            conquistar              Roma,

            Alejandro? ¿No crees que deberíamos pasar los meses


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