Page 166 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


          nuestros hijos, o los hijos de ellos, quienes sembrarán el

          planeta.


                 —Siempre que yo acceda a hacer todo eso —añadió


          Carlotta—. Soy la única que puede ovular.


                 —Venga —dijo Bean—. Sabes que existe la tecnología

          para transformar cualquier célula en un óvulo funcional.


          Los varones tienen X e Y. Si te pones terca, pueden llenar

          esos vientres con bebés con los que no hayas tenido nada

          que ver. Si no quieres tener ningún futuro genético, será


          tu elección. Pero, ya los dones o los niegues, no usarás tus

          óvulos para manipular a los demás.


                 Carlotta rompió a llorar, enfurecida.


                 —¡Así que ya planeáis hacerlo todo sin mí!


                 Bean  estiró  una  mano,  con  gran  esfuerzo.  No  se


          atrevía a tocarla directamente, por temor a lastimarla. Su

          mano era enorme, y el cuerpo de ella, muy pequeño. Pero

          Carlotta  abrazó  esa  mano  y  lloró  sobre  ella.  Estaba


          enfadada, pero era su hija.


                 —Pienso otorgaros a los tres la libertad de  escoger

          por vuestra cuenta, sin que cada cual dependa del otro.


          Pero  sería  mucho  mejor  que  los  tres  escogierais  seguir

          adelante con la colonia. Sin pelear entre vosotros. En aras


          de esta maravillosa nueva especie, esta tribu maldita de

          semidioses efímeros.



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